LlamarContactar

Contaba mi abuela que cierto día de su juventud vio algo en el cielo que la espantó. Un enorme objeto con forma de puro que se desplazaba majestuosamente ocultando el sol a su paso. Horrorizada, corrió  hacia su casa a contarle lo que había visto a su madre. Mi bisabuela, alarmada por la cara de pánico de su hija, salió a investigar qué era eso de lo que mi abuela estaba hablando, pero no vio nada. Así que volvió a sus quehaceres no sin antes preguntarse si su hija habría estado ingiriendo hierbas raras últimamente.

Al día siguiente, las sospechas de mi bisabuela se disiparon cuando vió en la prensa la foto de algo muy parecido a lo que había descrito su hija el día anterior y descubrir que era un zepelín alemán en ruta hacia Sudamérica.

Como mi abuela ya no está entre nosotros, no puedo preguntarle por la fecha en la que esto ocurrió. Pero tuvo que ser entre 1932 y 1933, porque a partir de esos años y hasta 1937, la inconfundible silueta de los zepelines se volvieron más familiares para los canarios, aunque no por ello dejaron de causar admiración entre la población.

Un canario a bordo de la primera vuelta al mundo en zepelín.

Sin embargo, el primer contacto de Canarias con estos enormes dirigibles tuvo lugar unos años antes. Concretamente en 1929, cuando  el médico grancanario Jerónimo Megías Fernández viajó a bordo del Graf Zeppelin, en su primera vuelta al mundo. Dicho doctor llegó incluso a relatar su viaje en un libro titulado “La primera vuelta al mundo en el Graf Zeppelin”.

Aunque en esta ocasión la aeronave no pasó por Canarias, sí pasó lo suficientemente cerca como para permitir al médico hablar por radio con sus hermanos y con el alcalde de Las Palmas.

Con sus más de 200 metros de longitud y 30 de diámetro, este coloso de los cielos realizó numerosos viajes entre Alemania, Brasil y Argentina, pasando de camino por nuestras islas en numerosas ocasiones. Estas visitas solían ser ser recogidas por la prensa, incluso cuando pasaban de noche y no se veían, algo bastante frecuente.

Visitantes asiduos.

A partir de 1936, comenzó a aparecer en nuestras islas un dirigible aún mayor: el Hildenburg. Con sus 245 metros de largo y sus cuatro motores Daimler Benz de 1200CV, el impacto que debía suponer ver esta aeronave a los canarios de la época debía de ser mayúsculo.

El estallido de la Guerra Civil provocó en Canarias una importante falta de comunicación por avión, que obligó a las fuerzas franquistas a negociar con los alemanes la prestación del servicio de correo aéreo. Servicio que ofrecieron los teutones, tanto con los aviones de Lufthansa, como con el Graf Zeppelin y el Hildenburg, que comenzaron a detenerse así sobre Gran Canaria para dejar caer sacas de correo.

El final

El 6 de mayo de 1937 el Hildenburg se incendió en Lakehurst, Nueva Jersey. Un incendio que tuvo una extraordinaria cobertura mediática a través de películas y fotos, que se convirtieron en auténticos iconos del siglo XX y que significó el fin de la era de los zepelines.

El desastre del Hildenburg hizo que el resto de zepelines se quedaran en tierra para siempre y que nunca más se vieran a estos gigantes del aire por nuestros cielos. Algo que hizo respirar más tranquila a mi abuela.

Fuente foto: Archivo de fotografía histórica de Canarias. FEDAC/CABILDO DE GRAN CANARIA.

Recommended Posts

Dejar Comentario

Contactar

Start typing and press Enter to search

guincho