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Si nos fijamos en el escudo de Santa Cruz de Tenerife observaremos en él la presencia de 3 cabezas de león color negro. Estas cabezas fueron “cortadas” a los leones que aparecen en el escudo de armas de Inglaterra y representan las 3 victorias de la ciudad sobre los británicos.

Y es que el célebre ataque de Nelson de 1797 no fue la única visita que la armada británica brindó a la isla. 150 años antes, fue Robert Blake quien al mando de una flota de 26 barcos apuntó a Santa Cruz el fuego de sus cañones.

Sin embargo, el objetivo de estos ataques era bien distinto. Mientras que el propósito de Nelson era tomar la ciudad, el de Blake era el de destruir la Flota de Indias que se hallaba anclada en el puerto de Santa Cruz y, sobre todo, apoderarse de los aproximadamente 10 millones de pesos en forma de plata que se hallaban en las bodegas de sus 11 barcos.

La idea de la Flota de Indias, compuesta por 9 mercantes y escoltada por 2 galeones y al mando de Diego de Egües, era la de dirigirse a Cádiz tras una última escala en Tenerife. Sin embargo, al ser avisadas de que el puerto de Cádiz estaba amenazado por la flota británica, decidieron quedarse al abrigo de Santa Cruz y sus defensas costeras.

Los ingleses, al enterarse de este movimiento,  fueron a por la plata y se dirigieron rumbo a Tenerife.

Mientras tanto, en el muelle de Santa Cruz, comenzaron a descargar de los barcos la valiosa mercancía y a ser transportada a La Laguna. Una actividad en la que se invertiría más de un mes y que, cuando llegaron los ingleses, no había finalizado del todo.

El 30 de abril de 1657, Blake y su escuadra llegan a Santa Cruz y comienza la batalla.

10 horas más tarde los ingleses se retiran. Según los historiadores británicos, se marchan con una sonora victoria bajo el brazo. Según los historiadores locales, es la ciudad de Santa Cruz la que consigue vencer.

Para los británicos fue una victoria audaz porque destruyeron la Flota de Indias, tan importante para España en el comercio con América, sin sufrir apenas bajas, a pesar del intenso fuego lanzado desde el castillo de San Cristóbal y del fortín de Paso Alto.

Para los españoles, también fue una victoria pues la plata quedó asegurada en La Laguna y llegaría más tarde a la Península íntegramente. Por otro lado, las bajas tampoco fueron demasiado elevadas dada la virulencia del ataque y la pérdida de los barcos que había fondeados en el muelle tampoco supusieron una gran catástrofe para la flota española.

Puestos a elegir quién ganó nos quedamos con Santa Cruz, que se ganó su primera cabeza de león y que aprendió algunas lecciones que serían de gran ayuda para la consecución, más adelante, de las otras dos.

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