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En Canarias existen, a día de hoy, unas 50 especies de tiburones. Ahora bien, las probabilidades de encontrarse con una de ellas es bastante pequeña. Básicamente porque la gran mayoría de ellas habitan en aguas profundas o bien lejos de la costa.

Entre las especies que nadan por nuestras costas destacan el cazón, los marrajos, la tintorera, los tiburones martillo o cornudas, las gatas y los zorros.

Un escualo raro, pero habitual en Canarias es el tiburón ángel, o angelote. Una especie en peligro crítico de extinción que tiene en la región uno de sus últimos reductos siendo la playa de las Teresitas, en Santa Cruz de Tenerife, uno de los pocos lugares donde las hembras pueden desovar a sus crías. Unas crías de unos 20 centímetros que pasan la mayor parte del tiempo enterradas en la arena y que, ocasionalmente, son pisadas por bañistas que acaban con un pequeño arañazo en el pie al defenderse estas.

Si ya es difícil encontrarse con un escualo en nuestras costas, ser atacado por uno es prácticamente imposible. Aún así, ha habido casos de ataques. El último ocurrió en diciembre de 2015, cuando una bañista madrileña fue mordida en el brazo por un tiburón sedoso. Algo realmente inusual y que se achacó a las condiciones del mar de aquel día, contrarias a lo habitual, y a la cercanía de unas piscifactorías.

Sin duda esta mordedura fue un caso excepcional porque, por lo general, nuestros tiburones evitan las playas y zonas de baño habituales. Los biólogos aún no tienen una explicación clara, pero es un hecho que especies que provocan ataques en otras zonas no lo hacen en las aguas canarias.

Quizás la respuesta está en que los escualos canarios tienen más miedo al canario que al revés. Y no hay más que ver cómo algunos de nuestros pescadores han esquilmado otras especies de peces para entenderlos.

Fuente foto: 27 mm

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