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Aunque suene raro, Las Palmas está en Tenerife.

Antes de que algún canarión ponga una reclamación, aclaramos que no hablamos de ninguna ciudad, sino de un caserío actualmente abandonado que hay en Anaga, en el nordeste de Tenerife.

Este caserío tiene tres siglos de antigüedad y es prácticamente lo único que queda de una época en la que el cultivo de la vid era el motor económico de la zona. De hecho, las primeras referencias históricas de Las Palmas se remontan a principios del siglo XVII cuando Gonzalo Fernández de Ocampo adquiere la finca a la familia Armas movido precisamente por la rentabilidad del cultivo de la vid en esta época.

Gracias a la fertilidad de las tierras de la zona del norte del macizo de Anaga, la producción de la finca era tal, que a pesar de su aislamiento por tierra, contaba con muelle propio lo que le proporcionaba una comunicación marítima envidiable en la época.

Las Palmas de Anaga constituye hoy un magnífico ejemplo de arquitectura rural histórica. Cuenta con una hacienda principal, de una sola planta en forma de U y con un gran patio central abierto donde vivía el propietario de los viñedos y que era el centro de explotación agraria, una ermita anexa y varias edificaciones circundantes que ocupaban medianeros y trabajadores.

Hoy, para llegar allí hay que patear. Y mucho. Desde el caserío de El Draguillo o desde Chamorga parte un camino que lleva hasta allí a todo aquel que desee disfrutar de unas vistas incomparables de la costa norte de Anaga, de sus roques y de un poco de la historia de la industria vinícola tinerfeña.

Fuente: Emi Pérez

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