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Hay días en los que te levantas, miras por la ventana y un manto marrón amarillento, a veces anaranjado o incluso rojizo lo cubre todo. Salvo que tengas algún problema visual o una resaca espectacular, es la señal que suele utilizar la calima cuando hace acto de presencia.

HIstóricamente hemos sufrido en las islas importantes episodios de este fenómeno atmosférico que, además de dejarnos los coches, los toldos y todo el mobiliario externo de las casas llenos de tierra, nos ha llevado con más ganas aún a las playas de nuestras costas durante uno de los puentes del Pilar más calurosos que se recuerdan.

¿De dónde viene?

La calima es prácticamente una de las señas de identidad de nuestro clima y está íntimamente relacionada con la disminución de la intensidad de los vientos alisios que permite la entrada de aire caliente procedente de África impulsado por vientos de componente este.

La calima es más común en Lanzarote y Fuerteventura por ser las de menor altura y las más cercanas a África, lugar de donde procede el polvo del desierto del Sáhara en suspensión que la compone.

Una gran parte de este “polvo” son partículas minerales procedentes de los ríos primitivos africanos que hoy en día están secos y que tienen gran cantidad de sedimentos en su lecho. Estos sedimentos se ponen en suspensión con una pequeña brisa o con los procesos convectivos del aire y son trasladados a nuestras islas por el viento. No es raro, por otro lado, que la calima atraviese nuestro archipiélago y siga su curso por el Atlántico hasta llegar al Caribe.

Efectos negativos

Además de limitar la visibilidad de manera importante y dejarnos las ventanas hechas un asco, lo peor de la calima son sus efectos negativos en la salud. Si la calima es persistente y densa, pueden darse problemas respiratorios y de irritación de las mucosas que nos causarán tos, picor de ojos y obstrucción nasal. Que, si la calima se pone más dura y no tomamos precauciones como mantener ventanas cerradas, evitar el ejercicio al aire libre y beber mucha agua, puede llevar a dificultades serias para respirar, dolor en el tórax o asma.

Su lado bueno

Aparte de hacer frotarse las manos a todos los autolavados, la calima tiene sus cosas buenas. Por un lado, el polvo oculta parcialmente el sol eliminando parte de la radiación solar y contribuyendo a que se enfríen las capas inferiores de la atmósfera.

Por otro, nos ha salvado del huracán Ophelia, el que más cerca ha pasado de Canarias desde que hay registros. Y es que el aire cálido proveniente de África ayudó a que no sintiéramos sus efectos por aquí abajo.

Fuente foto: NASA

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