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Su nombre causa rechazo en Canarias. Se extiende rápido como la pólvora y no deja que nada crezca a su alrededor. Una planta que entró sigilosa en los años 40 como ornamental, se antoja el rey del lugar y no permite que nadie habite su morada. Donde crece el rabo de gato, muere el resto de plantas y los animales que comen de ella también desaparecen, han denunciado diversas formaciones ecologistas, tildando a este fenómeno de “peor que un incendio descontrolado”.

Se ha hecho de casi todo para extinguir esta planta invasiva, sin embargo de poco ha servido el esfuerzo. Canarias es la región del mundo que más rabo de gato alberga y este dato no es precisamente halagüeño, pues se ha convertido en el primer lugar en cantidad de esta planta. Brota, rebrota y vuelve a nacer como si tuviera algún poder que la hiciese inmortal.

A la vista, el Pennisetum setaceum parece inofensivo, casi decorativo, pero la realidad es que ha producido un gran desastre medioambiental y, responsables públicos y entendidos en la materia, no saben qué hacer para erradicarlo.

Se ha intentado dispersar su semilla, ahuyentándola de lugares protegidos, de barrancos naturales, de escondrijos patrimoniales, pero nada es suficiente, pues juega con el viento que la trae y la lleva por cualquier esquina de estas Islas sin encontrar a su paso apenas resistencia.

Fuente foto: Fernando Coello

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