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El arte urbano se ha convertido en las últimas décadas en una corriente seguida por muchos jóvenes. Las grandes ciudades se transforman en lienzos que reflejan conceptos o ideas abstractas bajo la firma de un artista que pasa desapercibido.

Sus obras, invisibles para muchos, reflejan sin palabras el estilo de un autor que se enfrenta al eterno debate entre los términos arte y vandalismo.

“Cuando tienes un bote cerca, siempre te dan ganas de ‘manchar’ porque tienes la esencia de algo básico como es pintar. Siento cosquillas en las tripas”, así define Iker Muro, grafitero nacido en el País Vasco y que reside en Tenerife, la sensación que le produce tener un spray en la mano.

Natural, lleno de pintura y en su estudio situado en la capital tinerfeña, Muro se ha convertido en un referente del arte urbano. “Desde que era pequeño, siempre fui el alumno que se sentaba detrás, hacía caricaturas de los profesores y todo el mundo me pedía un dibujo”, confiesa recordando sus inicios en el mundo de la ilustración.


“Fui el alumno que se sentaba detrás, hacía caricaturas
a los profesores y todos me pedían un dibujo”

 

Sentado, con una de sus obras de fondo, admite no llevar la cuenta de la cantidad de grafitis y murales que ha realizado, y define sus trabajos como “una mezcla de ilustración y diseño gráfico con pop y arte contemporáneo”. “Estoy constantemente buscando un estilo propio, aunque me suelen decir que en los últimos años tengo una serie de grafismos, o de cuatro o cinco elementos, que siempre repito”, señala el autor que confiesa estar influenciado por los clásicos Dalí, Roy Lichtenstein o Kandinski.

Reflejando sus gustos a través del arte y usando los colores primarios y la técnica del contraste, es consciente de las premisas legales que atraviesa este sector: “El problema está en los ojos del que mira. Yo ya he pasado esa barrera pero, cuando eres adolescente y quieres enriquecer el paisaje a través de ilustraciones, puedes tener problemas. De todas formas, mi consejo es que le den caña”.

Con un futuro lleno de interrogantes, Iker Muro desconoce cuándo pondrá el punto y final a este capítulo de su vida.  Entre risas, y sufriendo ‘codo de tenista’, es consciente del nivel que hay en Canarias: “Me gustan las cosas que veo por ejemplo, Matías Mata o un chico del sur de Gran Canaria que hace proyecciones. Esto me motiva y me anima a querer hacerlo siempre mejor”.

Con su spray en la mano, este grafitero que ha enamorado a las Islas con sus obras, se gira y continúa haciendo una de las mejores cosas que sabe hacer: pintar.

 

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