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Miden apenas un centímetro de longitud. Son extremadamente sensibles al ruido, al movimiento y a la luz y poseen un color blanquecino que los hace casi inapreciables al ojo humano. Son los cangrejos blancos de Lanzarote, una especie de moluscos muy pequeños que habitan en el lago de la cueva de Los Jameos del Agua y que sirven de atracción a los miles de turistas que pasan diariamente por este rincón natural de la Isla.

Pese a su alto interés turístico, estas “motitas blancas” que se pegan a las rocas, han estado a punto de desaparecer precisamente por el fenómeno turístico, que ha amenazado su especie contaminando el agua en la que viven con las monedas que tiraban en el lugar para pedir deseos, acción ésta totalmente prohibida en la actualidad.

Este cangrejo albino, también conocido como cangrejo ciego, es único en el mundo, ya que solo vive en los túneles de lava de la isla donde hay agua. Utiliza sus antenas para moverse por la oscuridad de la roca y filtra el agua en busca de comida, siempre en este paraje natural, obra de César Manrique, que constituye una formación geológica singular que alberga más de una docena de especies endémicas.

El invertebrado es tan frágil como lo es Lanzarote, tierra de volcanes, Reserva de la Biosfera, cuyo título la preserva precisamente de cualquier transformación susceptible y, por tanto, este molusco debe ser altamente protegido, pues es en sí parte del entorno natural que nunca imaginó Manrique.

Se han convertido en el símbolo natural de la isla, con una ley del gobierno de Canarias que los ampara. Despojados de sus ropas por la acción natural de la luz, los pequeños “jameitos” sobreviven al paso del tiempo contribuyendo a la acción que el artista deseó en sus intervenciones: la naturaleza viva.

Fuente foto: non-photographer

 

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