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Marta Nebreda es conocida artísticamente como Amayra. A simple vista nadie diría que esta joven de 29 años ha abierto su primer estudio en el sur de Tenerife, Gotamar, y se ha convertido en una de las mejores tatuadoras a nivel nacional e internacional. Es curioso que no lleve ni un solo tatuaje en su cuerpo. Viajando por todo el mundo para mejorar su técnica, Amayra es consciente de que sus clientes esperan hasta dos años para tatuarse con ella.

 

¿Cómo se adentra en este mundo?

Mi primer contacto fue en la Escuela de Arte Fernando Estévez cuando intenté fabricar una máquina para hacer un tatuaje a una compañera. Ese verano, con la idea de conseguir un trabajo por mis diseños, llevé mis dibujos a una empresa y me ofrecieron enseñarme a tatuar a cambio de mis dibujos. Desde entonces, me empezó a interesar este mundo.

¿Cómo se sintió cuando hizo su primer tatuaje?

Los sudores me corrían y estaba muy nerviosa. Cada vez que dibujaba una línea rezaba para que saliese bien y estuviese recta. Fue horrible pero, poco a poco, me he ido quitando el miedo, es cuestión de tener práctica. Yo lo compararía con aprender a conducir.

Siendo tatuadora ¿por qué no tiene ningún tatuaje?

Me lo suelen preguntar mucho, podría decir que es porque mi madre no me deja pero, realmente, es porque no se ha dado la ocasión. No he encontrado ni el momento ni el motivo o la persona para hacerlo pero, me gustaría que fuese mi hermana la que me lo hiciese.

¿Es recomendable que los tatuajes tengan un significado?

Yo soy partidaria de hacerlo cuando te apetezca, tanto porque tiene un significado o por estética. Por ejemplo, si te quieres hacer un tigre porque te gustan, eso ya define tu personalidad.

¿Cuál es el tatuaje más raro que le han pedido? ¿Y el más especial?

El más raro, fue a un hombre que quería tatuarse la cabeza porque tenía una marca. Le dije que se lo pensase ya que era su primer tatuaje y en la frente suelen ser muy impactantes. El más especial es el de mi hermana, porque lo he hecho como a mi me gustaría hacerlo y lo he estudiado y le he dado miles de vueltas.

Hace un mes abrió Gotamar ¿Qué ha significado para usted la apertura de su primer negocio?

Es mi hijo y llevaba mucho tiempo soñando con esta idea. Verlo realizado es un sueño hecho realidad. Reconozco que lo he tenido fácil porque llevo siete años tatuando y tengo clientela pero, si tuviese que empezar de cero creo que sería complicado. Somos tres trabajando y cada una tiene su estilo.

¿Cuánto hay que esperar para poder tatuarse con usted?

Viajo bastante a convenciones, mínimo una vez al mes, y eso me ayuda a darme a conocer como tatuadora y a que los clientes vengan de cualquier parte del mundo. Ahora mismo, la lista de espera es de dos años y reconozco que soy muy perfeccionista y que algunos tatuajes llevan más tiempo que otros.

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