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Aún hoy, nombrar a Dámaso Rodríguez sigue causándonos un escalofrío. No obstante, sigue siendo uno de los asesinos más famosos que Canarias ha conocido.

En 1962, con solo 17 años, ingresa en prisión por primera vez acusado de un robo. Un año después de salir de la cárcel, decide enrolarse en la Legión y es destinado al Sáhara. En 1967 vuelve a la isla, se casa y la pareja se establece en Los Peladeros, una zona del monte de las Mercedes.

Sin embargo, todo parece indicar que el paso por la Legión hizo que el carácter de Dámaso se tornase conflictivo, irascible y agresivo. Especialmente cuando bebía. Incluso su esposa relataría más tarde que la sometió a malos tratos y a violaciones cada vez con más frecuencia.

En noviembre de 1981, comete su primer crimen. Armado con una pistola que había robado previamente, sorprende a una pareja que se encontraba en actitud amorosa en el interior de un coche en una zona boscosa y solitaria del Moquinal, cerca de su casa. Después de un rato observándoles como un voyeur, es sorprendido por la pareja. Dámaso mata de varios disparos al hombre y viola a la mujer a la que posteriormente abandonaría en el coche junto al cadáver de su novio.

Por este delito, el Brujo es condenado a 30 años de cárcel. Sin embargo, en enero de 1991 y aprovechando un permiso penitenciario, decide echarse al monte que tan bien conoce y fugarse.

El 23 de enero aparece en un sendero del monte de las Mercedes el cadáver de un turista alemán, de 82 años, con varios tiros en la cara. Al día siguiente, la Guardia Civil recupera en el Moquinal el cadáver de su mujer, de 87 años, que presenta signos de haber sido violada y estrangulada.

La búsqueda se intensifica y la Guardia Civil envía refuerzos del EREIM (Grupo de Rescate e Intervención en Montaña) que acampa en el monte e interroga a todos los vecinos de la zona que denuncian robos de víveres en varias casas cuevas. Pero los días pasan y el Brujo continúa sin ser apresado. La presión sobre las autoridades y la Benemérita aumentan y el miedo en la población, que se encuentra celebrando el Carnaval, alcanza cotas nunca vistas ante el temor de que Dámaso baje disfrazado a Santa Cruz.

Finalmente, el 19 de febrero un vecino de Solís, en Tegueste, informa a la Guardia Civil que la puerta de una vivienda inhabitada está forzada y sale olor a comida de ella.

Un grupo de guardias civiles de los cuarteles de La Laguna y Tacoronte se dirigen al lugar y rodean la casa. Al intentar entrar en la casa, comienza un tiroteo.

5 minutos después del tiroteo, se escucha un disparo en el interior de la casa.

Tras ello, el Guardia Civil al mando, ordena que arrojen un bote de humo al interior pero solo  se obtiene como respuesta unos gemidos y la frase: “No puedo moverme”.

Es ahí, siempre según la versión oficial, cuando la Benemérita decide entrar en la casa y ven a Dámaso en el suelo con el rostro desfigurado después de haberse intentado suicidar. Al parecer, quería hacerlo apuntando una escopeta de caza a su cara y apretando el gatillo con los dedos de un pie. Pero el arma se resbaló y no le alcanzó de lleno, solo le voló parte de la cara.

Para cuando llegó la ambulancia, Dámaso llevaba ya un tiempo muerto. Se cerraba así el capítulo más negro de la historia criminal de Canarias.

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